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17 de junio de 2016

Hace años, los estudios Pixar lograron uno de sus mayores éxitos con

"Buscando a Nemo / Finding Nemo" (2003), la historia sobre un

desesperado padre que, con la ayuda de un grupo de personajes diferentes

entre sí, buscaba de manera urgente a su pequeño hijo perdido en la

inmensidad del océano. En ese universo imaginado, lleno de peces,

pulpos, animales marinos y demás, una pequeña pez azul llamada Dory

(Ellen DeGeneres), sorprendía por su falta de memoria, siendo

aprovechada desde la estructura narrativa como uno de los puntos de

conflicto y a la vez, uno de los personajes más recordados hasta la

fecha. Por eso, ni lerdos ni perezosos, los estudios le encargaron a

Andrew Stanton una suerte de secuela llamada "Buscando a Dory / Finding

Dory" (2016) en la que la olvidadiza sería el centro de una historia que

emule el sentimentalismo de la primera entrega pero que además potencie

todas las características que el film familiar poseía. Esta semana se

estrena en gran parte de Latinoamérica y EEUU, y la próxima en España.

 

Así, "Buscando a Dory" se presenta como una historia -una vez más- de

búsqueda, que en este caso será no sólo de alguien, sino también de una

identidad necesaria para poder configurar el contexto y la situación de

la protagonista. Los hechos suceden un año después de la anterior

aventura, con Dory conviviendo en aparente tranquilidad con Nemo y

Marlin, pero atormentada por las ráfagas del pasado que acuden en forma

de flashbacks pesadillezcos para exigirle una pronta resolución.

Desatendiendo a los consejos de sus amigos, emprende una búsqueda, que

termina en un viaje iniciático y épico hacia los detalles necesarios

para sentirse contenida dentro de una familia y reencontrarse con sus

padres, a quienes hace años que no ve.

 

Stanton, hábilmente, mezcla la aventura encarada con imágenes

provenientes de los recuerdos de una Dory niña, junto a sus

progenitores, quienes intentan a toda costa que pueda superar su

problema de memoria con ejercicios y rutinas destinadas a fortalecer su

débil fijación de ideas, pero también, necesarias para que pueda

recordar en dónde vive y quiénes son ellos.

 

Así, mitad recuerdos, mitad viaje, Buscando a Dory construye su relato,

con una animación tradicional y un cuento plagado de emoción y

entretenimiento, sumando una impronta que evoca a su predecesora pero

que, a partir del carisma de la protagonista, puede despegarse y sumar

personajes secundarios como el pulpo, la beluga y la ballena tiburón que

aportarán, desde sus particularidades, el acompañamiento para que la

pequeña pez pueda cumplir con el sueño de reencontrarse con su familia.

 

El dinámico guión, del propio Stanton, permite que la narración pueda ir

y venir en el tiempo con el objetivo de lograr una potenciación del

conflicto que la funda: la posibilidad de crear un mito desde el

desconocimiento y a partir de allí reelaborar categorías relacionadas a

la amistad, el amor, el trabajo en equipo, y, principalmente, la

consolidación de la identidad al encontrar el núcleo perfecto para

 

conocerse y construir a futuro una historia con los suyos.