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26 de mayo de 2016

Pese a no ser tan popularmente conocido entre las mujeres embarazadas

con el ácido fólico, el yodo debe estar presente de forma natural, en la

sal (cuando es yodada) o como suplemente por sus beneficios para el

futuro bebé, ya que contribuye al adecuado desarrollo del cerebro del

bebé, dice ABC.

 

El yodo es un oligoelemento esencial que desempeña un papel crucial en

el desarrollo de los órganos del feto, y en particular del cerebro. Su

aporte es fundamental sobre todo en el primer trimestre del embarazo,

destaca Juan Carlos Galofré, endocrinólogo de la Clínica Universitaria

de Navarra y coordinador del área de conocimiento del tiroides del la

Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, con motivo de la Semana

Internacional para el Conocimiento del Tiroides, una glándula en forma

de mariposa situada en la parte anterior del cuello

 

Del aporte adecuado de este oligoelemento depende el correcto desarrollo

del sistema nervioso central, incluyendo el crecimiento neuronal, la

migración de las neuronas a su destino en el cerebro en formación, la

mielinización (formación de una capa grasa que acelera la transmisión de

los impulsos nervioso), la correcta arquitectura de corteza cerebral, el

hipocampo y el cerebelo.

 

Durante el embarazo aumenta la demanda de las hormonas tiroideas por el

feto, ya que hasta la semana 20 de gestación, la tiroides del bebé no

está completamente activa y por lo tanto depende por completo de la de

su madre, que debe adaptarse a esta situación mediante la producción de

alrededor de 1,5 veces más tiroxina de la habitual.

 

La tiroxina es la principal hormona de la glándula tiroides, y en su

estructura incorpora cuatro atómos de yodo, por lo que también se

denomina tetrayodotironina (abreviado T4). De ahí que ante la mayor

demanda de esta hormona, el aporte extra de yodo sea esencial. "Lo

crítico es el primer trimestre del embarazo, desde la primera falta

hasta que la mujer gestante va al médico se pierden los tres meses

críticos para el correcto aporte de yodo. El mensaje es que las mujeres

que busquen el embarazo o sospechen que puedan estarlo, tienen que tomar

un suplemento de yodo de 200 microgramos diarios.", advierte el doctor

Galofré.

 

Las consecuencias para el feto de la falta de yodo se conocen bien. Los

trastornos asociados a la deficiencia de tiroxina materna van desde el

aumento de la morbimortalidad neonatal y disfunción mental grave, a los

trastornos de atención e hiperactividad. "La falta de yodo es un factor

más que contribuye a la aparición de estos trastornos. Aunque no se

puede atribuir directamente sólo al yodo, con un aporte correcto

adecuado en la madre gestante y durante la lactancia se elimina un

factor de riesgo", señala este experto. Además la falta de yodo se

asocia a una disminución sustancial del cociente intelectual, que es

irreversible: "La media intelectual de los niños de madres con

suplementación de yodo baja es menor", corrobora Galofré.

 

La deficiencia de yodo es la principal causa prevenible de deterioro de

la función mental en el mundo, y afecta tanto a dos mil millones de

personas (35,2% de la población total) y se considera una pandemia

evitable, con la administración de este oligoelemento antes y durante la

gestación, así como durante el período de lactancia.

 

Y es que una de las funciones más importantes de las hormonas tiroideas

es contribuir a la maduración cerebral del niño, tanto en el periodo

gestacional, como posteriormente, a lo largo de los primeros años de

vida. Por tanto ha de cuidarse también la dieta para garantizar en la

que debe haber una cantidad de yodo suficiente, para garantizar que el

tiroides funcione bien.

 

"los alimentos que contienen yodo son sobre todo los que vienen del mar,

los lácteos, y cierta heterogeneidad. Las poblaciones costeras tienen

más yodo que las del interior. Son poblaciones que toman más productos

del mar. Las vacas que pacen allí, dan la leche con más iodo. Y hay

menos incidencia de déficit de iodo", aclara el doctor Galofré. Pescados

y mariscos, productos lácteos o frutas como las fresas y arándanos son

ricas en este oligoelemento tan saludable para el cerebro.

 

Sin embargo, el contenido de yodo es muy variable, y depende del terreno

en que se cultive, de la preparación, del procesamiento, y de la

cantidad consumida. Además, durante la preparación de los alimentos se

produce una pérdida de yodo de un 20% si se fríe, de un 23% si se asa a

la parrilla, y de un 58% si se somete a cocción. El pescado marino, la

leche y el consumo de sal yodada son los alimentos que mayor cantidad de

yodo aportan. De hecho, la concentración de yodo en la leche de vaca ha

aumentado en los últimos años, como muestran recientes estudios

realizados en España.

 

Respecto al diagnóstico del hipotiroidismo gestacional, los resultados

del reciente estudio TIROGEST, realizado en un total de 257 mujeres con

hipotiroidismo diagnosticado antes de la gestación (54%) y durante la

gestación (46%) atendidas en centros sanitarios de ocho comunidades de

nuestro país, sugieren que en la mayoría de los centros puede estar

infra o inadecuadamente diagnosticado.

 

“Los datos del estudio TIROGEST plantean la necesidad de un diagnóstico

y tratamiento precoces de esta enfermedad, así como el requerimiento de

medidas organizativas en cada centro sanitario que permitan la

realización del cribado universal y un diagnóstico más precoz, con una

menor demora en el inicio del tratamiento de estas pacientes”, añade el

doctor Galofré. Para este experto, falta apoyo institucional para

 

difundir la importancia de este micronutriente.