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17 de junio de 2016

La actriz estadounidense Meryl Streep va camino de establecer un nuevo

récord personal e histórico, gracias a la película de Stephen Frears

"Florence Foster Jenkins", estrenada en Europa hace unas semanas y

prevista para lanzarse en Norteamérica en agosto. Variety avanza que el

papel de una popular millonaria que invirtió su dinero en hacer realidad

un sueño tan ansiado como imposible: convertirse en cantante de ópera,

podría convertirse en su vigésima candidatura al Oscar, una marca jamás

lograda por ninguna otra intérprete.

 

Paramount Pictures ya ha iniciado con meses de anticipación la campaña

para que la versatil actriz, premiada ya con tres estatuillas de la

Academia, y nominada en un total de 19 ocasiones (la última vez el año

pasado por otro musical, "Into the Woods") vuelva a ser considerada. En

esta ocasión, Streep, que  no tiene pudor en asumir los personajes más

alucinantes -el último el del mismísimo Donald Trump, en una gala del

Public Theater- tuvo que cargar con una prótesis corporal para "engordarla".

 

Un lustro después de ser Margaret Tatcher en "La dama de hierro / The

Iron Lady", Meryl Streep volvió a incorporar a un personaje histórico

"bigger than life" en "Florence Foster Jenkins", la biopic de una

heredera estadounidense que contra toda lógica y gracias al poder del

dinero y la diversión que con su ineptitud generaba en el público pudo

hacer carrera como soprano en la primera mitad del siglo pasado. Con

dirección del británico Stephen Frears, la actriz estadounidiense tuvo

como compañero a Hugh Grant en el papel de su manager y protector, St

Clair Bayfield.

 

"La gente puede decir que no sé cantar, pero nadie podrá decir nunca que

no canté", dijo en una ocasión la poco dotada soprano, quien en su fuero

interno estaba convencida de su calidad como cantante. No en vano

siempre había tenido una vocación musical y se había formado arduamente

para ello.  Nacida en 1868, como Florence Foster, recibió clases de

música y quiso completar su formación en el extranjero, pero su padre,

pese a tener dinero no se lo quiso gastar en el capricho "contranatura"

de su hija. Por ello, Florence optó por fugarse de casa con Frank

Thornton Jenkins, un médico con el que se casaría y luego se

divorciaría. Instalados en Filadelfia, trabajó como maestra y pianista

hasta que la oportuna muerte de su padre en 1909, la dotó de la

estabilidad económica suficiente para hacer realidad su sueño de ser

cantante de ópera profesional.

 

Se trasladó de Filadelfia a Nueva York, donde fundó The Verdi Club,

siguió recibiendo clases de las que no sacó gran partido y dio sus

primeros recitales a partir de la segunda década del siglo XX. Nunca las

malas críticas doblegaron su voluntad. Para ella misma era una gran

artista, y los comentarios o las risas tenían su origen en la pura

envidia. Y fue precisamente por esa torpe contumacia que Florence se

hizo tremendamente popular. La gente iba a sus conciertos a reirse y

disfrutar ante el fenómeno. Murió a los 76 años, después de un último

concierto triunfal en el Carnegie Hall el 25 de octubre de 1944, en el

que agotó las 3000 entradas tres meses antes del evento.

 

Meryl Streep posiblemente canta mejor en la vida real que el personaje

que interpretó. De hecho lo hizo en "Mamma mia!" y más recientemente,

esta vez a ritmo de rock en "Ricki", de Jonathan Demme.

 

El único problema para "Florence Foster Jenkins" es que el año pasado se

estrenó otra película basada libremente en el mismo personaje real,

"Madame Marguerite", sexto largometraje del francés Xavier Giannoli, un

éxito en Europa y distribuida ya en casi todo el mundo. Su protagonista,

Catherine Frot, fue premiada con el César francés. Pero Meryl Streep,

que posee todas las simpatías posibles en la meca del cine, de momento

no parece tener demasiada competencia en las candidaturas al Oscar de

 

este año, aunque quedan meses y muchos estrenos por delante.